La Necrópolis

Por: Yadira Arteaga

 

“Cuándo el viajero contempla edificios antiguos, le agrega a su belleza peculiar… ese otro encanto fúnebre que se opone al persistir de la piedra, la fragilidad espiritual de los seres mortales(…)” Manuel Toussaint. Paseos Coloniales

 

Originalmente en Tula, cuando alguien fallecía, ya sea por muerte natural o como sacrificio para los Dioses se recurría a un entierro en donde el cuerpo se depositaba de forma sedente. Si dicho sujeto era un gran personaje se enterraba con toda la solemnidad en cámaras subterráneas, ricamente vestido y acompañado de sus armas; pero si era un personaje común generalmente solía sepultarse en una gran olla de barro.

A la llegada de los españoles y con la conquista espiritual los ritos funerarios cambiaron, ya no se utilizaban cuevas o cámaras subterráneas. Los Franciscanos se dieron a la tarea de evangelizar y construir templos religiosos.

Frente a la Iglesia existe un espacio más o menos cuadrangular llamado atrio, que se usó como cementerio hasta mediados del siglo XIX.

En 1882 se funda el panteón municipal del Huerto de los Olivos al recorrerlo puedes observar los sepulcros más antiguos y alguno que otro personaje importante, entre ellos al Francés Carlos Ferré y a Lucila hija del finado Melchor Ocampo, dichas tumbas hoy son consideradas patrimonio cultural; reconocimiento otorgado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia ( INAH). Este camposanto alberga a los políticos y a la gente importante del pueblo.

Cuando estalló la revolución según informa Víctor Villagrán encargado del Cementerio San José;  se designó un predio para las fosas comunes. Él manifiesta: “Dicen los abuelos que por el año 1914 los guerrilleros caídos en batalla eran transportados en carritos jalados por mulas y ahí los tiraban; nosotros hemos podido verificar la veracidad de esas palabras porque al hacer la excavación hemos encontrado huesos apilados como si fueran leña.” Además de eso comenta que algunas ocasiones los cadáveres tenían su indumentaria, cananas y balas.

En la actualidad la población supera la capacidad de los camposantos y es evidente el deterioro del de San José por lo que rememoro las siguientes palabras: “(…)están condenados de antemano; ignorantes de lo que se pierde. Y, como si adquirieran conciencia de su muerte, los toca un destello de inquietud.” Manuel Toussaint. Paseos Coloniales

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