Oficio: Sepulturero

Por: Yadira Arteaga

Mi incursión empezó desde temprano me dirigí a la biblioteca como es costumbre antes de realizar cualquier investigación. Revise durante un rato y me molesto saber que el libro que buscaba no se encontraba ahí; aún así revise otros libros antes de salir del lugar.

Tome el transporte colectivo, ahora el destino era la ciudad de los Atlantes. Al llegar nuevamente me dirigí a la biblioteca después de un rato por fin encontré el “escurridizo” libro, pero al llegar a la sección de Tula me sorprendió  ver que le faltaban las primeras páginas… así sucede con algunos libros, suelen ser víctimas de los biblioclastas.

Con la increíble falta de información, ¡en la era moderna!, recorrí el camino a la manera antigua preguntando a los lugareños, con grabadora de mano.

Finalmente llegué al panteón, la escena aunque tanto lúgubre me pareció bella; un grupo de personas arreglaban su sepulcro familiar, caminé por los enmarañados senderitos y vi a lo lejos a una pequeña comitiva almorzado. Me llamaron y me acerque, cuando llegué pude observar que habían improvisado una pequeña mesa con una lápida. Lo primero que paso por mi cabeza fue la palabra tabú.

Se presentaron amigablemente y yo me disculpe por haber interrumpido su hora de almuerzo; entonces una persona mayor se presento: Me llamo Víctor Villagrán.

Note la potencia de su voz y sospeche que la entrevista sería amena, me gusta conversar con las personas mayores porque siempre están dispuestos a contarte su historia.

Mis ojos rápidamente inspeccionaron sus manos se veían fuertes a pesar de la edad y se veían manos trabajadoras, gire la vista alrededor y aun lado de las sillas pude ver sus herramientas de trabajo, después de todo son sepultureros. Me acercaron un asiento para comenzar con la entrevista, el mismo que me lo cedió se retiró a trabajar, ese día enterraban un petrolero.

Cuando pregunte como era el oficio de sepulturero me comento que se dividían en administrativo y maestro albañil, que tenían que protegerse cuando realizaban excavaciones con guantes, mascarillas y que la ropa que utilizaban al terminar de trabajar la quemaban o terminaban desechándola, porque un fuerte olor a humedad se le impregnaba.

Me dijo preocupado que necesitaban un nuevo panteón porque los dos activos ya no tienen espacio para más cadáveres.

Al salir del lugar recordaba sus palabras y su cara de preocupación, también recordé en el camino que su oficio era peligroso porque como bien me lo menciono ese panteón antes fue una fosa común, al excavar y encontrar antiguas osamentas tienen que tener cuidado con los gases tóxicos que emanan. De esa manera encontraban la muerte de algunos avariciosos que encontraban oro, concluyo Tomas Martínez el maestro albañil.

 

 

 

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