Maguey

Por: Yadira Arteaga

Cuentan los ancianos que la Luna era muy celosa de todas y cada una de sus hijas las estrellas y por lo mismo les tenía estrictamente prohibido pisar la tierra de los hombres para que ninguno profanara su belleza, pero había una en particular que le encantaba pasear en la tierra y abandonaba constantemente su casa, el cielo.

Amaba ver el campo, las flores, a los pájaros cantar, con el tiempo se aventuro más y empezó a conocer a los hombres, vio que penaban y sufrían, pero al mismo tiempo nunca dejaban de trabajar, se dio cuenta que amaban y sonreían, que lloraban pero aprendían a superar sus penas… eso la llevo a amar a los humanos.

Un día ella estaba cantando y bailando feliz del lugar que había encontrado pues era un santuario de mariposas y hasta ese entonces nunca las había conocido, de repente sintió que alguien la tomo del hombro, corrió asustada por las advertencias de su madre, sin embargo al ver que era un joven y que no se veía peligroso se calmo, entonces él camino hacia ella y le pregunto:

-¿Cómo te llamas?

-Mayahuel- tímida le respondió

-Yo me llamo Mixtli

Ella se quedo mirando al joven durante un buen rato, hasta que él se aventuro a hablar de nuevo.

-Sabes dicen que las mariposas son sinónimo de trasformación, sin importar que en un principio se arrastren por el suelo, cuando llega el momento correcto, en el tiempo correcto suelen transformase en las bellas criaturas que estamos viendo.

-Crees que eso aplique para todos- le respondió intrigada

-Creo que si tienes la suficiente fuerza de voluntad para no darte por vencida, aún cuando pienses que estas en el peor momento de tu vida, en el momento correcto y en el tiempo correcto te transformaras en una mejor persona si eso es lo que decides.

Mixtli se despidió, ella lo miraba contemplativa, las cosas que le dijo y lo que había visto ese día le llevo a pensar que talves su madre estaba equivocada; ¡no todos los hombres son malos!

Ellos siguieron frecuentándose y al tiempo el amor surgió eran felices pero tenían que tener cuidado de que su madre no los descubriera, por ese motivo Mayahuel le pidió al petirrojo que cuando ella se acercará, Mixtli pudiera saberlo con solo mirar al pajarito, se encontraban frecuentemente y el petirrojo era testigo de su amor.

Sin embargo la fatalidad estaba planeada para la pareja desde el momento en que se conocieron, Mayahuel bajo distraída como tantas veces del cielo y no se percato de que su madre la seguía.

La Luna estaba llena de ira al ver que su hija sonreía con un humano, se dirigió violenta hacia ella y miró al hombre con un instinto asesino, le pidió al cielo que dejara caer un rayo sobre él y en el acto murió; pero la Luna no estaba conforme con eso tenía que deshacerse de la deshonra familiar y decidió hacerlo con sus propias manos.

Los dioses observaron el destino de los amantes y decidieron juntar los huesos y enterrarlos en la tierra fértil, cuando lo hicieron los huesos de ambos les transmitían el amor que sentían por la tierra y la angustia que les producía ver a los hombres sufrir.

Pasado un tiempo los dioses quisieron ver que había producido la tierra fértil y los huesos, se sorprendieron al ver una pequeña estrella verde, contentos con el resultado idearon un nombre para tan mágica estrellita y decidieron que se llame Maguey.

Desde entonces el Maguey ofrece alivio pasajero a las personas que saben trabajarlo, les ofrece aguja y sus pencas para condimentar su comida; como una bella metáfora florece una vez cada 20 años como símbolo de amor incondicional y al terminar de florecer muere, de esa manera no podemos olvidar la historia de Mixtli y Mayahuel que se amaron sinceramente.

Aún hoy se dice que si vas con la persona que amas y vez un petirrojo en tu camino es señal de un amor casto, profundo y verdadero.

 

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